Nada de lo que se presenta en esta unidad es nuevo: armaduras,
intervalos y tríadas son elementos que habéis estudiado en Lenguaje
Musical. Lo que nos interesa aquí es su uso: modos de pensarlos, de
interrelacionarlos y de agilizar su identificación. En Armonía, no
deberíais tener que calcular las armaduras, sino
reconocerlas al instante; el intervalo no es un
ejercicio teórico puntual, sino la medida de la distancia entre
dos voces o de los saltos en un perfil
melódico, que tendréis que identificar constantemente; y la
tríada no es un objeto aislado, sino un acorde con un grado y
una inversión, dentro de una tonalidad, y con una función en el
fragmento musical.
Por eso este repaso es corto y deliberadamente desigual: se detiene
en lo que después hará falta a diario —invertir intervalos para calcular
deprisa, leer a dos claves, o cifrar un bajo— y pasa de largo por lo
demás.
1 Tonalidades y armaduras
1.1 El círculo de 5.as
Una armadura no identifica una tonalidad, sino dos:
una mayor y su relativa menor. Cuál de las dos sea lo decide el
contenido, y sobre todo la sensible del menor, que se
escribe siempre como accidental y nunca en la armadura. Ese accidental
suelto es la pista más fiable a primera vista.
El círculo se recorre por 5.as: una 5.ª ascendente
(Do → Sol) añade un sostenido; una 5.ª descendente (Do → Fa) añade un
bemol. El orden en que aparecen es fijo —sostenidos fa do sol re la
mi si, bemoles el mismo orden al revés— y ese orden es, otra vez,
por 5.as.
Reconocimiento clásico, que habréis utilizado:
Sostenidos: el último es la
sensible; la tónica mayor está un semitono encima.
Bemoles: el penúltimo es la tónica
mayor (con un solo bemol, Fa).
Relativa menor: una 3.ª menor por debajo de la
tonalidad mayor.
Reconocimiento más ágil:
Contar 5.as desde Do mayor hacia sostenidos (Sol, Re, La, Mi…);
o bien hacia bemoles, si es Fa o una tónica con bemol (Fa, Si♭, Mi♭,
La♭…).
Enarmonías: se trabaja normalmente con hasta 6
alteraciones, no con 7 —siempre se prefiere la escritura de 5—. Con 6,
Fa♯ y Sol♭ (Re♯ y Mi♭ menores) valen por igual.
No usaremos todas desde el principio: las iremos
añadiendo poco a poco a nuestra práctica diaria. En este primer
trimestre, nos centraremos en Do y Sol mayores, La y Re menores.
Ejemplo 1. Cada paso en
el sentido de las agujas del reloj es una 5.ª ascendente, y suma un
sostenido o quita un bemol. Fuera, la tonalidad mayor; dentro, su
relativa menor. Abajo, donde se juntan los dos sentidos, el círculo se
cierra con las dos escrituras de la misma tonalidad.
Invertir es subir la nota grave una 8.ª (o bajar la
aguda): las dos cambian de posición, do–mi → mi–do.
Las dos reglas que ya conocéis:
Las amplitudes suman 9: 2.ª↔︎7.ª, 3.ª↔︎6.ª,
4.ª↔︎5.ª.
Las calidades se intercambian: M↔︎m, A↔︎D;
J↔︎J.
Para qué sirve aquí: es la manera práctica de calcular los
intervalos grandes, que son los que cuesta leer. Una 7.ª se
mide como la 2.ª que le falta para la 8.ª; una 6.ª, como una 3.ª.
Ejemplo 2. Las
amplitudes suman 9 en los tres casos, y solo la 4.ª justa conserva la
calidad.
Compuesto = mayor que la 8.ª. Se reduce al simple
restando 7 a la amplitud (10.ª → 3.ª, 12.ª → 5.ª); la
calidad no cambia.
A casi todos los efectos, el compuesto es el
simple: una 10.ª mayor entre bajo y soprano se clasifica como 3.ª mayor,
cuenta como consonancia imperfecta, se cifra igual y produce las mismas
faltas (→ UD 1).
La equivalencia vale para clasificar el intervalo,
no para colocar las voces: la distancia real es la que
determina la correcta disposición del acorde (→ UD 1).
Ejemplo 3. (a) La misma
3.ª mayor a tres distancias. (b) La 12.ª entre bajo y soprano,
equivalente a la 5.ª justa; lo que no es igual es la distancia
real.
El sistema de dos pentagramas (Sol y Fa) es el formato de la
escritura a cuatro voces, y hay que leerlo como un solo espacio
sonoro continuo, no como dos pentagramas independientes.
La bisagra es el do central: primera línea
adicional por debajo del pentagrama de Sol y primera línea
adicional por encima del de Fa son la misma
nota. Con esa referencia se pasa de una clave a otra sin
recontar.
Para medir un intervalo a caballo de los dos
pentagramas:
Calcularlo ignorando las octavas, como si fuera simple.
Si nos interesa, buscar las octavas intermedias para comprobar la
distancia real.
Cruces: la posición en el papel no garantiza el
orden real de las alturas. Una nota escrita en el pentagrama superior
puede sonar por debajo de otra escrita en el inferior. Es importante
identificar esta situación al leer un intervalo (→ UD 1).
Ejemplo 4. (a) La misma
nota —el do central— escrita en las dos claves. (b) La misma 3.ª mayor a
dos distancias, medida entre pentagramas. (c) Un cruce: el tenor está
escrito abajo pero suena por encima de la contralto.
Tríada = tres notas a distancia de 3.ª: fundamental, 3.ª
y 5.ª. El tipo depende de las dos 3.as que la forman, y
conviene ordenarlos de menor a mayor tamaño para ver
que son una sola serie:
Tipo
3.as
5.ª
Cifrado
Disminuida
m + m
disminuida
C°
Menor
m + M
justa
Cm
Mayor
M + m
justa
C
Aumentada
M + M
aumentada
C+
De cada fila a la siguiente solo cambia una nota.
Las dos de los extremos son las que llevan la 5.ª disonante, y por eso
su uso será restringido (→ UD 2).
Cifrado americano: la letra es la
fundamental con su alteración (D♭, F♯) y el sufijo es
el tipo. Describe el acorde sin referirlo a ninguna
tonalidad, que es exactamente lo contrario de lo que hacen los
números romanos y el bajo cifrado, como veremos.
Ejemplo 5. Las cuatro
tríadas sobre do, en el orden de la tabla. De cada una a la siguiente
sube un semitono una sola nota.
La inversión la decide qué nota del acorde está en el
bajo, y solo eso: el orden de las voces superiores no
cuenta.
El bajo cifrado no nombra el acorde, sino los
intervalos que hay sobre el bajo. De ahí salen las
cifras, y de ahí que se abrevien quitando lo que se da por supuesto:
Bajo
Intervalos
Cifra
Americano
Fundamental
53
(nada)
C
3.ª
63
6
C/E
5.ª
64
64
C/G
El
64
no es una inversión más: la 4.ª con el bajo es disonante, y eso
condiciona todo su uso (→ UD 4).
Accidentales en el bajo cifrado:
Un accidental suelto, sin número, afecta siempre a
la 3.ª sobre el bajo.
Con número (♯6, ♭7), afecta al intervalo indicado.
Los accidentales son relativos a la armadura: solo
se cifra lo que se sale de ella. Por ello, el bajo cifrado de por sí no
indica la morfología del acorde (que un
64
sea mayor, menor, etc. solo se averigua en contexto, por las
alteraciones de la armadura).
Ejemplo 6. El mismo
acorde de Do mayor tres veces: lo único que cambia es la nota del bajo.
Debajo, los intervalos que quedan sobre él —entre paréntesis, los que se
dan por supuestos y no se escriben—; encima, el cifrado americano con
barra.Ejemplo 7. Un bajo
cifrado y su realización, en La menor. El ♯ suelto del tercer acorde
altera la 3.ª sobre el bajo (sol♯, la sensible). La cifra no dice de qué
tipo es el acorde; eso se ve al realizarlo.